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Con la acuarela, cada pincelada es una interacción inesperada entre el agua y el pigmento, donde lo controlado se funde con lo espontáneo, creando paisajes, emociones y sueños que nacen de la libertad de dejar fluir el alma. En ese instante mágico, el tiempo se disuelve y solo queda la alegría de transformar lo intangible en arte vibrante y vivo.

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